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EL MESÍAS
Fotografía: Patricio Melo

Crítica de Ballet
Por Charles Benner
(Desde Santiago)
12 / 04 / 2017

Emotiva y conmovedora puesta en escena invitando a la introspección, nos ofreció el primer título de la Temporada 2017 el Ballet de Santiago en el Municipal, Ópera Nacional de Chile. Mauricio Wainrot, responsable de la coreografía “El Mesías” para la partita de Georg Friedrich Händel, logra tal conexión espiritual a través de los sones del oratorio, que la traducción al movimiento realizada por el artista transandino permite al espectador, ofrecerle una visión cercana a lo angélico. “El Mesías”, una apuesta acertada en estos días de Semana Santa, especialmente cuando en el presente soplan vientos de guerra. El conjunto de baile dirigido por Marcia Haydée, junto al Coro y Orquesta Filarmónica en una suma de expresión artística, exhiben un alto grado profesional, entrega y compenetración para esta pieza sacra del barroco tardío.

De la composición:
La música, un lenguaje poderoso y cautivante cuya idiomática universal van más allá de toda ideología, credo o raza, constituye una herramienta unificadora que remece los corazones elevando el espíritu. El Mesías de Händel, derriba todo tipo de barreras, independiente de ser o no creyente. Podría entenderse como el Creador mismo, hablando a la humanidad a través de los sonidos. En un asombroso interludio, el músico alemán tras un par de semanas concluyó la composición del oratorio El Mesías. Al final de aquellas agotadoras jornadas donde escribió prácticamente día y noche, el músico expresaría: “He creído ver el Paraíso frente a mí y al Gran Dios en su trono con su compañía de Ángeles”
El oratorio en su estructura musical, es una obra compuesta por arias, coros y recitativos escrito para cantantes solistas, coro y orquesta. Drama musical cuyo fondo religioso no requiere en sí una representación escénica, por lo mismo el solista vocal, suele llevar el rol narrativo. Dividido en tres partes, el oratorio El Mesías contempla los temas de El Adviento; Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y la Victoria de Cristo ante la muerte.

Su estreno en Irlanda realizado en el New Music Hall de Dublín el 13 de abril de 1742 no estuvo exento de polémicas, tras haberse interpretado en una sala teatral y no en un Templo como acostumbraba el género en cuestión.. Händel, basó su composición musical en un libreto de Charles Jennens quien recopiló textos del Antiguo Testamento y del Apocalipsis. Inicia el oratorio una obertura de estilo francés con una parte lenta de ritmo apuntillado y una más rápida con estilo contrapuntístico. Son 53 temas los que componen la creación del alemán de Halle, uno de los máximos exponentes del barroco. La obra fluye entre contrastes marcados por el forte y piano; el recitativo, la homofonía y la fuga. El éxito de la obra sería corroborado durante su estreno en el Covent Garden, cuando el rey Jorge II, se puso de pie ante los primeros sones del Hallelujah Chorus.
Fue durante una representación del oratorio El Mesías, cuando el compositor cayó desmayado. Tras este suceso el músico no volvería a recuperarse falleciendo tiempo después. Sus restos descansan en la Abadía de Westminster junto a otros grandes de las artes, letras o la ciencia como Newton, Dickens, Purcell, Darwin y Turner entre otros.

De la coreografía:
Mauricio Wainrot, encuentra en las páginas de El Mesías de Händel inspiración de nivel superior. Inspiración sentida de corte límbico más allá de una experimentada construcción y acción racional. Por lo mismo, el contenido de la pieza danzada es tan profundo y verdadero. El artista logra capturar la esencia y trasfondo espiritual que el músico transmitiera en sonidos, más allá de aquello latente en los textos. Es por ello, que esta coreografía aun cuando comprende varios temas, constituye una sola unidad de principio a fin que fluye in perpetuo crescendo hasta llegar al majestuoso Hallelujah final. La utilización de un lenguaje moderno y contemporáneo basado en un soporte académico riguroso, permite al coreógrafo regalarnos una extraordinaria sucesión de hermosas imágenes situándonos como espectadores privilegiados en las regiones celestes. El artista exhibe en su composición danzada, una concepción clara de elegante pureza lineal y profundo sentido espiritual. Mauricio Wainrot brinda a través de El Mesías, un refrigerio al alma y un verdadero bálsamo para el espíritu.

De los bailarines intérpretes:
Al no existir una narración o línea argumental definida, la compañía pasa a ser un todo indivisible participando en solos, dúos, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos e intervenciones grupales. El discurso abstracto de Mauricio Wainrot en esta pieza, da pie para utilizar libremente a sus bailarines, no obstante debemos destacar la feliz pasada de Rodrigo Guzmán, José Manuel Ghiso, Andreza Randisek y Natalia Berrios, y sumados a ellos, la talentosa Romina Contreras (que debuta como primera bailarina bajo nombramiento), Gustavo Echevarría y Simón Hidalgo.

Queda claro que no hay roles protagónicos ni estrellas individualizadas conforme a personajes. Por lo mismo observamos un conjunto homogéneo de gran calidad, precisión y entrega ante el desafío. Sin embargo, al ser esta una compañía clásica, exhibe cierta rigidez en lo referente al torso y trabajo de brazos en libertad mayor. Aspectos como el flujo, la energía y trayectorias propias de la danza moderna y/o contemporánea, se aprecian con cierta dureza y ausencia de proyección en lo estrictamente referido a movimiento. Aun así, la permeabilidad de sus artistas y la ductilidad que ofrece el bailarín clásico, les permite una actuación felizmente aprobada siendo la compañía toda, la estrella de la velada.

De los solistas vocales, coro y orquesta:
Indiscutiblemente el trabajo realizado por Pedro-Pablo Prudencio (Director de Orquesta), merece el mayor elogio y aplauso. Supo conducir la orquesta y sus profesores recreando la atmósfera precisa para una pieza barroca, la misma, que no requiere de la gran orquesta ni masa coral mayor. Por otra parte, unificar tempos para cantantes, coro y especialmente para bailarines, habla de un conductor con una gran intuición escénico-musical, más allá de los requerimientos técnicos y estilísticos propios de la música barroca.

Por otra parte, los cuatro solistas vocales Camila Guggiana (soprano), Ana Navarro (contralto), Luis Rivas (tenor) y Ramiro Maturana (barítono) en una correcta línea estilística referida al barroco. Los cantantes entregan una emisión clara, limpia y exenta de toda grandiosidad vocal (pues aquí es necesario “achicar” la voz), tal lo requiere el canto barroco. El Coro, siempre muy bien preparado, emite sonido limpio, nítido y ajustado a metrónomo. Sin duda un mérito indiscutible del maestro Jorge Klastornick.

De la escenografía, vestuario e iluminación:
Carlos Gallardo, acierta en su concepción escenográfica como también en el vestuario. Apuesta de corte minimalista en tono blanco restando toda distracción para encontrarse con la majestuosidad de la música y la armonía danzante. Propone un espacio místico de tinte celestial. Por su parte, la iluminación de Elizabeth Sirlín, termina por coronar esta magnánima puesta en escena creando atmósferas de finas tonalidades que transitan entre el blanco inmaculado al celeste pálido.

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